Las mejores palabras del amor están entre dos gentes que no se dicen nada

lunes, 20 de mayo de 2013

Reponsabilidad.

Hoy mantenía una conversación por el maldito wasap, al que cada día repudio mas y una vez mas, me doy cuenta de lo que cuesta asumir responsabilidades sobre lo que hacemos o simplemente asumir nuestros errores y perdir perdón,  simplemente eso, una rectificación.
Hace ya tiempo leí este poema de Khalil Gibran, que hay mas abajo.  Me pareció precioso, sobretodo porque se en persona propia que el amor es maravilloso, pero también me hizo sufrir. 
La  experiencia y el tropezar con varias piedras repetitivamente me enseñó también a superar malas experiencias y lo mas importante,  a no guardar rencor.
Me gustaría mucho,  que alguien,  que aun insiste en contarme fábulas de la Fontaine, se reuniera consigo mismo, se conectara con su yo interno y fuera consciente y tomara responsabilidad en sus acciones y que tuviera el valor de pedir perdón.  
Pedir perdón no es humillante, es un acto de integridad y de madurez.
Y no es que eso fuera a cambiar la situación, pero estoy segura de que ese reconocimiento de sus actos y el descanso que da el perdonarse a sí mismo y que te perdonen, es liberador y siempre permite emprender un nuevo camino y mejorarlo.
Un camino  de tranquilidad y de paz interior, porque todas estas afecciones espirituales, mentiras, putadas,  terminan por fastidiar la salud corporal propia y eso ya se ha podido comprobar que es así.  
Todo está ligado, todo tiene relación  y no viviremos para siempre.
Esto que sigue va dedicado a ti, que se que me lees.




Yo me declaro culpable,  de creer ciégamente en las palabras dulces de poetas,  como es el caso del autor de este  poema que viene a continuación. De dejarme  llevar apagando el botón de la consciencia.
Pero la verdad es que cuanto dice este poema es del todo cierto.
Nunca me asustaron las veredas tortuosas y escarpadas por estar cerca de quienes amé y si, debí ser mucho mas cauta, pero no me arrepiento, porque siempre fui íntegra y verdadera.
No pediré perdón por amar intensamente, solo me pido perdón a mi misma por no cuidarme de cuanto no entendía ni me encajaba.


Cuando el amor os llame, seguidlo, aunque sus veredas
sean tortuosas y escarpadas.
Y cuando sus alas os envuelvan, entregaos a él,
aunque la espada oculta bajo su plumaje pueda heriros.
Cuando el amor os hable, creed ciegamente en él,
aunque su voz devaste vuestros sueños, como el viento
del norte destroza los jardines.
Porque así como el amor os corona,
así también os crucificará.
Y si os hace crecer, él mismo será vuestro podador.
Así como asciende a vuestras alturas y de vuestras ramas
acaricia las más delicadas que bajo el sol tiemblan,
asimismo, descenderá a vuestras raíces y las conmoverá
por más arraigadas que estén en la tierra.

-Khalil Gibran-


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