Las mejores palabras del amor están entre dos gentes que no se dicen nada

domingo, 19 de mayo de 2013

EL NAVEGANTE (cuarta parte)





http://osane1.blogspot.com/2010/06/el-navegante-1a-parte.html (primera parte)
http://osane1.blogspot.com/2010/07/el-navegante-parte-2.html (segunda parte)
http://osane1.blogspot.com.es/search?q=EL++NAVEGANTE (tercera parte)


Estaba tan embelesada en sus brazos y escuchando su voz que no había reparado en todo lo que había preparado en cubierta para la cena. Estaba precioso el barco, con luces, flores y todo tipo de viandas. Un escenario ideal para una pareja perfecta, solo faltaba un violinista, pero en estos casos tres son multitud, además solo me bastaba escuchar su hermosa voz.
A penas podía apartar mi mirada de sus ojos, me sentía fuertemente asida por la cintura y me encantaba su contacto.
De sus labios nació un “te quiero” y casi me caían lágrimas al oírselo mientras podía tocarle. Si, estaba junto a mi y era real, estaba pasando, aquí y ahora.
Pronunció aquellas palabras con tal seguridad que todo mi cuerpo se puso a temblar y ya no conseguía pensar con claridad, hasta temía desvanecerme viendo el rumbo que tomaba nuestro encuentro. Finalmente se estaba realizando un gran sueño imposible y no podía ser de ninguna otra forma.
De pronto me susurró algo al oído y salí de mis pensamientos por ese airecito agradable de su aliento en mis orejas. Se pegó lentamente a mí y noté el calor de su cuerpo a través de la ropa. Empecé a temblar y noté como me desconectaba de los resortes de la razón y de la cordura. Me dejaba llevar y la inquietud iba desapareciendo. Emprendía una travesía más allá de nuestro sueño. Estábamos zarpando rumbo al puerto del deseo y de la pasión.
Pasé mis brazos a través de su cuello Y le besé con ardor, atrayéndole cada vez mas hacia mi. El me tomó entre sus brazos y decidí que quería vivir esa noche como si fuera la última de mi vida….
Un escalofrío me recorrió de la cabeza a los pies y de nuevo noté como el ardor nos consumía. En cada susurro, cada caricia, cada beso mis nervios se estremecían en una mezcla de paz ahora y con el corazón para saltarme del pecho después.
Así que con toda la calma que permitía ese momento enterré mi cara en su pecho en un vano intento de tomar oxígeno, pero con un rápido movimiento alzó mi cara de nuevo y nos fundimos en un beso sin fin, mientras me sentía caminar hacia atrás, inconscientemente, hasta sentir mi espalda topar contra la puerta del camarote. Solo cuando el beso terminó, él abrió la puerta…

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