Las mejores palabras del amor están entre dos gentes que no se dicen nada

sábado, 27 de abril de 2013

amigos...


Hace unas tres semanas,  algunos de los presentes en la cena de esta noche,  nos despedíamos.
Parecía que alguien se iba para no volver en mucho tiempo, aunque nunca tuve esa sensación.
No iba errada, pues el reencuentro no se haría esperar.
Me he sentido muy bien compartiendo mesa con miscinco compañeros de trabajo y sus parejas, mas que compañeros amigos. Gente sencilla como yo, sin secretos, sin mas problemas que los de llegar a fin de mes.
Inevitablemente, como siempre que nos reunimos,  acabamos hablando del trabajo, de los compañeros, de los conflictos de esa empresa que también fue un poco mía.
A través de mi ventana veía cambiar el color del cielo desde el mediodía hasta la noche.Veía entrar y salir a los compañeros,unos caminando, otros a bordo de sus coches amarillos. Solo con su saludo y una simple mirada podía adivinar su estado de ánimo.
Añoro mucho sus charlas cuando se detenían frente a mi ventana, todos esos cafés de máquina compartidos, la celebración de cumpleaños,tantas cosas.
En  la mesa hoy hablamos de honestidad, de principios y desgraciadamente muchos hemos comprobado, cada uno con sus historias particulares, bien laborales, bien personales, que no todos seguimos los mismos códigos de conducta.
Que hay personas que cuando hablan contigo dicen blanco y al instante hablan con otro y dicen negro. Gente de la que no puedes fiarte, ni pretender que colaboren en ningún proyecto, pues tienes casi asegurado que te van a dejar en la estacada.  Y es que personas comprometidas y de palabra hay muy pocas en la vida.
Es muy gratificante para mi poder estar entre un grupo de personas que nos apreciamos, que se han preocupado por como estaba el tiempo que pase ausente.  Ahí te das cuenta de si la gente te extraña o no. Poder expresarme tal cual soy, sin tapujos, sin calibrar lo que digo o como lo digo.  Escuchar sus opiniones francas, directas.
Personas que te aceptan como eres, sin preguntas, sin análisis.
Y es que hay cosas que no tienen precio,  como son la amistad y la humildad, privilegios que no están al alcance de todo el mundo.
Voy a extrañar mucho el ir hablando junto a los conductores, sus anécdotas, sus alegrías , sus rebotes y mucho mas la contemplación desde mi ventana de los autobuses pasar.


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