Las mejores palabras del amor están entre dos gentes que no se dicen nada

domingo, 20 de abril de 2014

La lluvia deja los pensamientos pegados al suelo y todo se tiende a recordar




Hace pocos días y pocos posts, recordaba como me sentía un año atrás. Me propuse guardar en el cofre de mis tesoros lo que hubo de bueno,  que fue mucho y lo malo lo enterré en lo más hondo del pozo del olvido, pero el pasado siempre está,  es como que me persigue y cada tanto resurge y me sobresalta.
Llegaron desagradables noticias que me catapultan hacia atrás en el tiempo y nuevamente hay que vencer a  lo que emana del interior, sacar la pala y desenterrar lo que tiré al pozo del olvido, para centrarme, recordar  y no dejarme llevar estúpidamente por mi instinto misionero de nuevo. 
No se muy bien que siento al recibir  las últimas malas nuevas y con ellas  llegó una llamada, un nuevo descubrimiento que hoy me causa una irónica sonrisa, hoy afortunadamente es así. Después tus mensajes.
 No entiendo porqué se me ha vuelto a requerir, pero esto no es nuevo, ni es la primera vez, ni la segunda. Jamás entendí bien lo que pasaba por tu cabeza, siempre nos movimos en mundos y prioridades muy distintas.  Nuestros valores no tenían nada que ver unos con los del otro. 
¿Qué pretendes?¿qué esperas que haga? El tren ya pasó, demasiadas paradas, demasiada velocidad. Decidí apearme hace ya un año y tras caminar un tiempo cabizbaja subí a otro tren, mas lento, desde el que puedo contemplar el paisaje,  sin prisas.
La razón me dicta quedarme al margen y es lo que debo y voy a hacer.  Esta guerra ya no es mi guerra.  Hoy batallo en otro frente y lo sabes.
Siempre que pienso en todo lo acaecido, me viene a la mente un relato que escribió alguien con el seudónimo de Boedarkyss  esa historia que me cautivó la primera vez que la leí y que creo haberla compartido aquí hace años. Creo que en ella hay un poco de ti y de mi.
En ocasiones preciso leerla de nuevo para conseguir anclar los pies, aferrarlos en la tierra, sin vacilaciones  y encontrar,  ahora que es  Pascua,  esos huevos que necesito tener ante lo que ocurra.  
Es duro para mi navegar contracorriente de lo que ordena esa tonta conciencia mía y obedecer a mi razón, mi dignidad  y a  la justicia divina que se que existe y se hace presente una y otra vez. 
Solo hace ahora un año y ya llegó el karma a cobrarte la factura. 
Ni se como me siento, pero creemé te deseo lo mejor.

El relato dice así:



"Ha llegado empapada y ahora le brilla la piel, aunque ella sabe que es tan sólo el efecto de haberse envuelto en otra fina capa de embustes. Ha vuelto calada hasta los huesos, cuando aún permanece la ropa tendida en la cuerda y las gotas resbalan por las costuras como si fueran las de su propio sudor tras el esfuerzo. No ha querido fingir que era feliz, ahora nadie la mira y, sin reservas, ha empañado el cristal de la ventana con su aliento desesperado. Cientos de hojas se han apelmazado en un jardín desierto. Reposa una masa anaranjada, multiforme, en el rincón donde perdió por segunda la vez la virginidad. La segunda, que es para ella la que cuenta. No quiere recordar ni el nombre de aquel muchacho y tan sólo deja regresar el dulce sabor de los besos y algunas mentiras de las muchas que fue capaz de soportarle... Ha llovido mucho desde entonces, aunque nada le lleva a pensar, que no permanezcan escondidas todas esas gotas perezosas que sólo pretenden encharcarle el corazón.
La lluvia deja los pensamientos pegados al suelo y todo se tiende a recordar; gana densidad cada carta del mazo al humedecerse el ambiente. Siempre ocurre así cuando la luz se hace tenue y se oculta tras las nubes el astro que, desde siempre, ha sido la distracción perfecta para los hombres. Le dijo un día aquel jardinero anciano, que las promesas que no se cumplen regresan en otoño a preguntarnos porque las ignoramos cuando era su momento. Ella se siente absurda intentando evadirse de nuevo de lo que no hace tanto había logrado dejar atrás. Es la vida la que pone una frase para cada momento, la pone, quizá cuando ya ha pasado el tiempo de nombrarla y sólo queda un hatillo de suspiros o un reguero de tumbos incomprensibles. No queda nada de aquella niñez visceral que la mantuvo en el orgullo hasta los treinta, ni los rasgos afrutados de la sonrisa, ni esa prevalencia de la aventura sobre la abnegación que procura una intrascendente vida.
Pronto suena el timbre con su rugido dispensador de realidad. - Apártate, que viene la vida, la única que cuenta, la que es, porque todo lo demás es parte de la ensoñación, emplastas el pasado para digerirlo o construyes un futuro a tu gusto que es muy probable que nadie use -. Y eso piensa, mientras abre la puerta...
Al dar paso a la realidad, la mente rápidamente se divide; queda taponada la mujer de la mirada perdida y a su lugar asciende la convencida y resuelta, la que todo parece comprenderlo. La puerta deja a la vista a un hombre de mediana edad, con los ojos negros repletos de interrogaciones, una rosa roja en la mano y los labios tristes; En su rostro se dibuja un hilo de sensatez marchita que parece fruncido cuidadosamente a la cuadratura de su mentón inmóvil. Ella no le reconoce, parece que el tiempo retrasa la edad y que los rasgos se acaban afilando en un baúl al que, desde hace mucho tiempo, no se ha tenido acceso.
Sigue lloviendo fuera, en ese segundo de espera en el que caben mil posibles acciones, en el que se articulan cientos de frases que nunca se pronunciarán a tiempo. Se suele hablar después, cuando ya ha pasado la sorpresa y se necesita hacer un balance que nos deje para siempre conformes, al menos, con nosotros mismos.
- Soy Marco...
La Tierra gira mientras las palabras permanecen sin peso, leves, bajo la lluvia o a pleno sol; rodamos más allá de nuestras palabras, las vemos alejarse, dejan de ser nuestras, dejan de ser proyecto y se anulan o avivan, mezclándose con otras miles que seguro que algo quisieron decir.
Al oírle pronunciar su nombre, vuelven mil sonidos más a su mente, el del roce de las yemas sobre la mejilla, el del latido inconcluso de un corazón siempre dispuesto, la dulce música de quien se deja franco a la embestida, sin reparar en si más tarde habrá heridas que costará cicatrizar... No lamenta que haya vuelto, lamentó ya suficiente que se fuera, concluyendo así, aquel capitulo que pudo haber sido una larga novela, quizá, toda una biografía.
- Hola, Marco. Largo es el camino que has recorrido... Veinticuatro irreconocibles años...
Sus miradas se cruzan por primera vez, él le ofrece la rosa que lleva en la mano, ella la rechaza con un gesto que, a fuerza de haber sido ensayado con la mente, se hace más real que cualquier otro reproche.
- ¿A qué has venido? - Le pregunta sin mayores rodeos.
Marco, con la rosa en la mano, comenzará su discurso en un momento, ha tenido veinticuatro años para redactarlo, seguramente lo habrá modificado cientos de veces, o quizá, nunca pensó que llegaría utilizarlo.
- A pedirte perdón... Luisa se ha ido...
Ella le interrumpe sosegadamente.
- Marco, no sigas... Yo también me he ido. Me fui justo el día que tu quisiste que me fuera. Y no he vuelto, Marco, ni volveré jamás...

La rosa cae sobre el felpudo, abandonada por el pulso de un maestro derrotado. Ella da un paso hacia el futuro, que paradójicamente es de retirada, y cierra la puerta sin dejar de mirar la rosa. De repente, piensa en un ciprés que se abanica acompasadamente a los pies de los muertos e imagina un grupo de niños que sube por la cuesta que les hará mayores, pero acaba sucumbiendo a ese otro pensamiento, en el que algunos hombres, sellan sus miedos con ruegos que no les supondrán vergüenza alguna.
Se asoma de nuevo a la ventana. Ha dejado de llover y el viento levanta las hojas hasta separarlas al azar... Cae una lágrima de sus ojos que discurre lentamente hasta encallarse en el borde de sus labios. Y esa lágrima, por un instante, le parece discretamente dulce."


-Boedarkyss -



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