Las mejores palabras del amor están entre dos gentes que no se dicen nada

lunes, 21 de abril de 2014

Desmenuzando chocolate en la memoria






El chocolate es un manjar de dioses.  Prefiero el  chocolate negro siempre,   no tengo ninguna duda.
Dicen  que además de  ser antidepresivo, es afrodisíaco y que como todo lo bueno crea adicción. Sin embargo creo que de esta en concreto siempre he estado libre.  Nunca estando triste me dieron ganas de comer chocolate,  soy mas  de comer cosas saladas.
No puedo liberarme en cambio de asociarlo a momentos felices de mi  vida.
Esas tartas de cumpleaños, las monas de Pascua, ese masaje de chocolate  que me regalaron  un cumpleaños, una historia que empezó hablando de chocolate belga, unos bombones de fruta  muy especiales que me trajo alguien recién llegado de Berlín, poemas de chocolatinas ...
Subir la cuesta de la calle Libretería de Barcelona y  percibir en el aire el aroma que desprende la confitería La Colmena. El olor de los crepes que se huele por las callejas del Gòtic,  dibujando una danza en el aire que te cautiva y te arrastra hasta la tienda de dulces.
Una antigua caja en forma de corazón que contenía un vestido rojo, una rosa marchita  y un pequeño estuchito lleno de besitos de chocolate, una caja que contenía atrapadas sensaciones felices y maravillosas, impregnada de amor, amor del de verdad.
Será  que tengo algunos años en mi haber y ya casi todo, las comidas, las calles y hasta los olores tienen relación con vivencias del pasado, porque a cada paso que doy  vienen a mi mente recuerdos, los que tienen que ver con el chocolate todos maravillosos.
Un gran abanico de imágenes desde la infancia hasta hoy, que me hacen sonreir al recordar y hasta lagrimeo un poquitín mientras escribo, pero no por tristeza, sino porque  me siento afortunada  por lo que viví, vivo y quizás viviré por más que tenga una nube gris sobre mi cabeza estos días. 
Tengo un sol en el bolsillo que me ilumina al caminar.

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