Las mejores palabras del amor están entre dos gentes que no se dicen nada

viernes, 18 de octubre de 2013

MAI T'OBLIDARÈ





Ayer acudí al velatorio del padre de mi sobrino Marc.  Tuve  una sensación extraña, cuando di el pésame a los familiares de un difunto al que no llegué a conocer y a los que tampoco conocía.
La verdad es que,  en realidad,  lo que me impactó FUE ver el dolor de Marc, que con la muerte de su padre por infarto, ha visto marcharse, de repente, casi sin tiempo a  despedirse,  a uno de los pilares de su vida.
Anteayer justamente hablaba de Marc con mi yerno.  Le decía el gran cariño que sentía por Marc y que si por azares de la vida, algún día su unión con mi sobrino se rompiera, no quería perder contacto con él y esperaba conservar su amistad para siempre.
Casi todos pasamos por estos disgustos, cuando por ley de vida perdemos a nuestros padres. En medio de la afluencia de gente y del murmullo en la capilla ardiente,  la abuelita de Marc y madre del difunto llorando por su hijo.  Una señora muy mayor ya y que era cuidada por su hijo en exclusiva, totalmente dependiente de el.  Una madre nunca debería perder a sus hijos. Unido al dolor imagino que la incertidumbre de un futuro, que para una mujer tan mayor debe ser muy triste, como dependiente.
Ante esta situación se abren  retos, siempre complicados de asumir, pero  estoy segura de que podrán seguir adelante entre todos.
Una vez mas se pone de relieve, lo importante que es la familia, porque mejor o peor avenidos, se sabe encontrar soluciones para  levantarse y seguir caminando por la vida y apoyarse en los momentos diíciles.
Por unos momentos estaba allí sentada y me vino a la mente lo que sentí hace siete meses al perder al hombre de mi vida. Simplemente se murió, en una micra de segundo. Había superado un infarto hace ya un año, pero hay  otras formas de morir.
Sin aviso me sentí viuda por alguien que había dejado de existir sin darme cuenta, sin previo aviso  Quedé totalmente desorientada y mirando al difunto no podía reconocerlo.  El no era a quien yo amé tanto.
Aunque respiraba no  era el, solamente una triste caricatura ireconocible.
Ayer hice un gesto mental de tirar la última flor sobre su tumba y me alegré por no sentirme como la abuelita de Marc, ante la sorpresa de descubrir que  una persona tan amada ya no existía.
Todo pasa en esta vida y todo sigue su curso, en ocasiones para bien. Solo quedan en mi memoria  sensaciones y recuerdos que fueron maravillosos, con el poder de enterrar todo lo triste.
Marc  te quiero mucho y sabes que eres de mi familia, vamos a superar todo este dolor.




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