
Las mejores palabras del amor están entre dos gentes que no se dicen nada
lunes, 30 de noviembre de 2009
Se que estás aunque no estés

domingo, 29 de noviembre de 2009
Llámame por mi nombre
Ayer
El peso de las razones
Hay momentos cruciales en la vida de toda persona, momentos en los que una decisión puede cambiar la vida entera y como todos sabemos la vida se mueve por azares y causalidades, o sea que nunca hay garantías para absolutamente nada, excepto para morirnos, eso está asegurado.
Llevo mucho tiempo, años viviendo situaciones extraordinarias para el modelo de vida tradicional que llevé siempre. Creo que pocas personas hubieran aguantado lo que aguantamos mi pareja y yo de lo que podríamos escribir ríos de tinta por lo dificultoso y abrupto que se nos ha presentado el camino.
Hace mucho tiempo tomé una decisión muy importante que ha cambiado todo en mi paisaje. Una decisión arriesgada, con gran inversión emocional y no diré material, porque a mi mediana edad he descubierto y constatado que lo material me interesa exclusivamente en lo que se refiere a la satisfacción de las necesidades vitales mínimas que tenemos todos los seres humanos, techo, comida y no tener ninguna deuda con nadie. Si hubiera sido de otra mentalidad jamás me hubiera metido en el jardín que me metí en el que voy a echar raíces a medio o corto plazo si nada se tuerce.
El tema en cuestión es que es inevitable hacer valoraciones, poner en la balanza pros y contras, aunque conociéndome como me conozco desde que nací, cuando digo "palante", es "palante" aunque me estrelle.
Mi palabra es una de las pocas cosas de oro que tengo.
Suelo hacer caminatas día si, día también por el paseo de la playa. Es algo muy gratificante en día laborable poder caminar 8 kilómetros sin coincidir en el camino con a penas 25 personas. Eso es algo que podemos hacer los que trabajamos por la tarde y que además vivimos a 20 minutos de las playas.
Este invierno no hace nada de frío, al punto que se puede hacer este ejercicio light de caminar rápido con camiseta de tirantes. Se puede sentir la caricia del sol, la brisa del mar, y contemplar el inigualable espectáculo del sol reflejado en el mar.
A mitad del camino, me siento cinco minutos en un banco y pienso lo afortunados que somos los barceloneses de tener a tiro de piedra mar y montaña y lo bonita que nos dejaron la ciudad con lo de las Olimpiadas, tenemos todo tipo de servicios, transportes, espectáculos, y como no también tenemos alguna que otra inmundicia y los mangantes que no faltan, pero todo y así no puedo dejar de sentirme orgullosa de vivir aquí. Como ya dije vivo casi al lado de la playa y me circundan con solo cruzar una calle dos parques por lo que mi barrio es muy agradable para vivir. Los vecinos son gente de toda la vida, de los que se tratan durante años.
Al margen de todo esto que sería puramente decorado y de lo cual creo que podría prescindir aunque con mucha añoranza, se encuentra el tema familiar y de amigos que es lo que realmente me escuece.
Ayer como todos los sábados en la tarde visité a mi madre. Ahí nos encontramos mis hermanas, mis sobrinos, mi familia y la verdad aunque no todos los días estamos todos, porque como fijos de los sábados estamos mi hermana mayor, mi sobrino y yo y los demás van y vienen otros días de la semana, esa tarde se convierte en una fiesta.
Podría decir que es el mejor día de la semana, porque vuelvo a disminuir en edad, estoy con los míos a los que adoro y me hacen sentir muy bien. Por decirlo de algún modo, cada sábado es una mininavidad.
Mi madre ya tiene 86 años, aunque goza de muy buena salud, vive sola sin ningún problema, pero a estas edades ya sabemos que los sorteos apuntan para un lado.
Me preocupa mucho el hecho de que ocurra algo y yo no esté cerca y se me parte el alma al pensar que tendré que renunciar a esos sábados para los restos, porque las distancias son enormes, ya ni hablar del tema de mis hijos que da para mucho y que aunque sean mayores de edad siguen siendo muy jóvenes y no puedo arrastrarlos conmigo ya que tienen sus vidas formadas en Barcelona y también a su padre que es una excelente persona.
Solo hay algo muy poderoso que consegue arrancarme de mi Barcelona y de los que quiero.
Cambiar el calor por el frío, la arena de la playa por la nieve, la multitud de la ciudad por la paz de los bosques, la opertura de la capital por el tradicionalismo de un pueblo, el volver a encontrar trabajo en una España en crisis. Solo una cosa puede hacer que ocurra todo esto. Una razón contra cientos de razones, todas ellas poderosísimas por las que no me movería de mi casa.
Tengo amigos que darían una mano por encontrarse en esta situación, pero de verdad que a mi lo único que me atrae de todo esto es estar junto a mi pareja a tiempo total y dejar de tomar esos benditos aviones y autocares incesantemente los dos, aunque creo que cuando me encuentre al otro lado del cristal seguiré teniendo que hacer uso de ellos, porque lo que dejaré aquí seran muchas razones únicas e importantes para regresar siempre que pueda.
El amor pesa mucho, todas las clases de amor y yo soy muy pequeña.
Y yo sin paraguas

La mirada egipcia

sábado, 28 de noviembre de 2009
Volare

"El volar es un arte o, mejor dicho, un don. El don consiste en aprender a tirarse al suelo y fallar".
Estas frases tan ingeniosas las robe de un espacio de Perico (mi yerno), pero estoy básicamente de acuerdo.
Volar es facil. Puedes volar o planear unos pocos segundos dependiendo de la altura de la que te tires, pero a cuanta mas altura y mas segundos mas fuerte es el hostiolo.
Uno vuela, vuela y vuela, incluso a veces consigue mantenerse en una nebulosa, pero parece que la ley gravitatoria es infalible, y acabas por aterrizar. Lo importante es aterrizar suavemente, sin dolor, porque el fin de todo vuelo es llegar a tierra sano y salvo.
Recuerdo mis sueños pocas veces, pero hay uno especialmente que se repetía muchas veces y era que volaba con los brazos extendidos tipo Superman, pero mas que volar era una sensación de planear, sin alzarme mucho, casi a ras del suelo sin ganar altura. Una sensación maravillosa, porque si algo recuerdo es la caricia de una brisa calida y de silencio.
Supongo que la lectura era: vuela pero no te alejes mucho del suelo, la realidad esta siempre presente y volar para un ser humano no deja de ser un sueño.
Lo cierto es que en los últimos años he aprendido a volar, me he enamorado y he volado mas alto que nunca de la mano de alguien mucho mas diestro en volar que yo.
Vuela a través de cuanto escribe, vuela rápido en su realidad, me cuesta seguirle el ritmo, pero me encanta ver como toma mi mano y me estira, me saca de mis miedos, me anima a seguirle cuando mi ánimo cae. Desde su serenidad aplaca mis temores, mi nerviosismo, mi miedo a las alturas. De vez en cuando aterrizamos y es que conviene sentir el suelo pegado a la suela en muchas ocasiones.
Desde este escritorio miro hacia fuera del cristal, pasan personas pero no veo que vuele ninguna.
¿Quizas es que solo tu y yo aprendimos a volar?
Experimentos con gaseosa

Desde donde estoy puedo observar a la gente. Pasan ante mi varias veces a lo largo de los días.
En un trabajo como el mío aprendes a leer las caras y a intuir los estados de ánimo.
Así en ocasiones ves pasar una persona con aspecto triste y le preguntas amablemente si se encuentra bien, pues le notas un no se qué en la mirada.
Esa persona te mira, te dice que está bien y de pronto rompe en llanto. Te quedas fría casi sin reacción.
No es la primera vez que me ocurre algo así, ni será la última, creo que tengo cara de padre confesor o por algún motivo hay gente que a pesar de no tener un trato excesivamente cercano se abre a mi.
Supongo que cuando alguien se encuentra en un callejón donde no se ve la salida explota y se siente mejor hablando con una total desconocida como yo.
Eterno dilema y muy común. Una mujer joven de treintaytantos, con dos críos pequeños y familia estructurada se enamora de cincuentón en su lugar de trabajo. Se enamora completamente, está deslumbrada.
Ambos están enamorados, o así el se lo hace creer.
Ambos están enamorados y dentro de la adversidad se juran amor y empiezan a hacer proyectos juntos. El, soltero vive con su madre. Ella en su casa con un matrimonio aparentemente feliz.
Deciden compartir un futuro, pero el le pide a ella que tome un piso de alquiler y que durante dos o tres meses se traslade ahí sola con sus don niños, para que se vayan aclimatando al cambio. Ella está casi a punto de hacerlo, pero el destino hace que tenga una conversación conmigo aunque le vine a decir lo mismo que le aconsejaba su hermana.
En mi buena voluntad le aconsejé que si lo quiere se vaya con el, pero si se va de su casa, que sea para estar juntos viviendo desde el primer momento. Dar el salto los dos juntos y de la mano, nunca sola, menos arrastrando dos niños pequeñitos. Cuando se toma una decisión tan importante hay que sentir todo el apoyo posible, mas el de la pareja por quien te juegas todo tu presente.
Así que ella lo pensó y decidió decirle a el que se fueran los dos juntos, y sorpresa el dice que lo está presionando.Increíble. Un soltero cuarentón libre de cargas, que vive con su madre y que le pide a una mujer que deje su casa, se lance con sus dos niños en solitario. No creo que el sufriera por la aclimatación de los niños, me parece mas bien que quería experimentar con gaseosa a ver que tal iba pero la responsabilidad cercana lo asustó.
Ante esta petición, él que le juraba amor incondicional, se olvidó de sus promesas rápidamente, se puso digno y abandonó el barco, por suerte ella no llegó a dar el paso.
Ella anda por el trabajo con el corazón roto y en manos de una psicóloga, redescubriendo su yo interno.
El ni se, trabaja en otro edificio y es aspirante a un ascenso que le procurará mucho poder.
Ella no ha querido volver a hablar con el a pesar de que el se lo pidió repetidas veces pero tarde y es que esperó demasiados días. El tema no era un juego de adolescentes.
Piensa que hubiera ocurrido, si llega a marcharse y al cabo de dos meses se raja de todo, ya que lo hizo en un principio. Mejor así.
Hay hombres que juegan, que no son maduros, que viven en casa de su madre hasta la ancianidad y eso les pesa, son cobardes.
El no merecía la pena, fue incapaz de estar en lo requerido, de tomar su mano y protegerla, darle confianza.
Nunca sabremos que hubiera pasado, pero ya quedó la cosa bastante clara y dentro de lo malo y de que ella sigue con el corazón maltrecho podría haber sido peor.
Solo una madre sabe el estrés que provoca el trastornar la vida de su prole, los problemas que eso acarrea, los sentimientos, porque los hay para con la gente que deja atrás. Ella valiente se arriesgaba, pero el no, cuando en algo así hay que estar a una, juntos.
Ella está en un estado lamentable, pero pudo ser peor.
De Princesas
