Las mejores palabras del amor están entre dos gentes que no se dicen nada

lunes, 25 de noviembre de 2013

Ropa vieja, viejas historias




Hace cosa de 10 días llegó el frío  de repente.
Mientras aquí andábamos en manga corta y sandalias podíamos ver en la televisión como en otros lugares de España empezaban  a caer los primeros copos.
Resultaba curioso tanto contraste, pero no podía durar mucho más este verano interminable.
Por suerte antes de que llegará el frío con mas crudeza hice el cambio de ropa de los armarios  típico de los cambios de estación.
Esta vez se puso el tema más complicado.Tenía que ubicar y dar lugar en el armario de mi habitación un montón de ropa que acumulé en otro lugar que algún día también consideré mi casa.
Ropa de abrigo, sueters, botas, descansos, ropa muy gruesa.  Hice un intento de acomodarla en los estantes, ni se por qué,  pero era imposible.
Imposible colocar lo que no cabe ni por volumen ni por utilidad.
Me senté en la cama rodeada de varias pilas de jerseys y un par de plumones y me convencí de la inutilidad de guardar esa ropa que para nada me sirve en Barcelona, donde aunque haga frío no se alcanzan temperaturas de bajo 0º.
Todas esas ropas estaban atadas a recuerdos de otro lugar, de otro tiempo y me di cuenta de que sacarlas de donde hace unos meses las guardé, me traía a la mente lo que no debo recordar.
Fui hasta la cocina y tomé unas cuantas bolsas. Me puse a llenarlas con toda esa ropa que ya no me sirve y que en realidad necesitaba sacar de delante. 
Es un hecho de que igual que con la mente, hay que vaciar los armarios de ropa usada para poder colocar ropa nueva. Donde hay un espacio lleno no cabe nada más.
Todas esas bolsas, llenas con la ropa y las botas,  las llevé a un lugar donde seguro harán buen uso. 
Alguien se pondrá mi ropa y nunca podrá ni imaginar todas las historias que viví mientras las llevaba puestas. Los abrazos, el frío, el amor, el llanto. Todas las ilusiones alimentadas por años y desvanecidas en instantes.

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