
Siguiendo con el tema de las simbologías.
Mi amigo Pepe muy dado a la lectura sobre temas que tienen que ver con la mente y el alma, me explicó un día que una casa es el reflejo del interior de las personas que habitan en ella.
En ese momento no entendí muy bien que quería decir, pero con el paso del tiempo he conseguido comprender su mensaje.
A veces las casas están llenas de cajas por deshacer por una mudanza, o bien porque no se pasa en ellas el tiempo suficiente para que nos de tiempo a deshacerlas. No se hasta que punto la acumulación de cajas de una mudanza podría llamarse desorden. En todo caso sería un desorden ordenado.
A mi no me iba a durar mucho ese tema de las cajas, me pondría mal no abrirlas y colocar todo de forma práctica rapidito, no me gusta toparme con obstáculos, mucho menos que alguien acabara vaciándolas tocando mis cosas.
Para mi el desorden es la acumulación de cosas colocadas sin criterio, sin lógica, amontonadas en muebles indiscriminadamente.
Sacar los objetos de las cajas sin tener preparado un lugar coherente donde guardarlos y saber encontrarlos luego. Es como meter los cubiertos en el lavavajillas mezclados, los metes muy aprisa pero a la hora de sacarlos hay que clasificarlos y está probado que cuesta mas sacar objetos del lavavajillas y guardarlos que meterlos.
El amontonamiento de pingos por todos lados, además de dar una sensación de caos que impide que pensemos con claridad, añade la dificultad de poder tener una higiene del lugar. Así que el polvo se puede acumular y ya tenemos el lío bien montado, el desastre se puede adueñar de nosotros y así solo se atraen malas vibraciones con todo.
Si a ese desorden se le añaden obras de albañilería y carpintería inacabadas el tema alcanza dimensiones que sacarían de quicio al mas cuerdo de los hombres, si ese estado se prolongara durante meses.
Es imposible vivir así y no acabar confundiendo todo. El desorden y el polvo nubla el pensamiento. Encontrar un anillo, un móvil que suena en medio de todo ese enredo hace perder una cantidad de tiempo y de desgaste que si lo pudiéramos medir sería enorme, y ya dicen que el tiempo es oro.
La mente se ofusca, no se consigue pensar con claridad y finalmente incapaces, dejamos que otros piensen por nosotros. Tenemos tal lío mental que ya ni sabemos tomar decisiones y perdemos el norte olvidando lo que era realmente importante.
Olvidamos hasta porque motivo cambiamos de domicilio, con que objetivo movimos nuestro mundo hacia un lugar determinado y finalmente nos dejamos derrotar en pos de la comodidad por agotamiento. Nos declinamos por lo fácil, por lo cómodo.
Hace cosa de dos veranos, conversaba con una persona muy importante para mi, a la que hace tiempo no veo y a la que tengo gran estima. Preocupado me explicó que había tenido una pesadilla.
Había soñado que compraba una casa y que yo le visitaba y no me gustaba. Temía que no quisiera visitarle más. Me quedé sorprendida ante tal idea absurda.
Le dije que eso no ocurriría jamás, que yo le visitaría hasta en un iglú del Polo Norte si fuera preciso y cuando yo digo algo lo mantengo pase lo que pase, es uno de mis defectos, si, un defecto entre otros, el de mantener mi palabra.
Yo estimo a las personas por quienes son, por como son, por sus principios y sus compromisos y todo lo demás me parecían problemas materiales solucionables.
Lo cierto es que a mi que su casa fuera, grande, pequeña, bonita o fea, me importaba muy poco, mi verdadera razón era poder disfrutar de su compañía y su afecto el resto de nuestra vida. La estética de la casa era algo secundario. Una casa lo único que precisa es tener unas condiciones mínimas para vivir dignamente y sobretodo orden. Ya dicen, cada uno en su casa y Dios en la de todos.
Una casa solo es una cosa, pero es nuestro castillo. Es algo muy útil, eso si, sirve para protegerse de la lluvia y del frío, para guardar nuestras pertenencias, es nuestro refugio y es nuestra intimidad, pero es fácilmente sustituible, el mundo es inmenso y las posibilidades muchas.
Una persona, un amigo, un compañero es algo realmente importante.
No se encuentran personas especiales, con las que conectamos fácilmente. Una persona en la que poder confiar, que sabes que jamás va a fallarte a conciencia.
Cuando no le tenemos cerca le extrañamos. Nos cercena el corazón pensar que puede estar mal y no podemos ayudarle. Y sobretodo que pueda pensar por un momento que le abandonamos.
No me preocupa el desorden de tu casa, sino el estado de tu interior y si no arreglas tu interior, si no vuelves la vista hacia tu corazón todo se complica.
Yo he puesto orden en mi habitación, en los últimos meses empezaba a parecerse a tu casa.
Hay cosas que debemos hacer por nosotros mismos, sin dejar que nadie nos ordene el lugar donde vivimos, porque la factura que nos cobran es elevada y el resultado es la pérdida del norte.
Nadie te ordena la casa desinteresadamente, no dejes que los demás hagan lo que tu puedes hacer por ti mismo.
No me gusta tu casa, no me gusta mi habitación, pero si me gustas tu.
Ordena tu casa y ordena tu corazón, yo siempre seguiré aquí.